Rebeca Martí
Tuvieron que dejarme una tarea de redacción para rendirle homenaje a una gran amiga: Rebeca Martí. La conocí a la edad de 12 años, en un grupo juvenil de la iglesia que se llama Josías. Esa vez nos la presentaron a 5 niñas (dado que ese éramos el número de chicas a las que ella iba a cuidar). En un principio, su mirada era tímida y tierna, poco a poco nos fue ambientando a su particular estilo de ser.
Su función era ser líder con nosotras para poder pasar a otro que se llama Pre juveniles. Ella, en ese tiempo, nos enseñaba lo básico para poder enfrentar la época de la adolescencia que, muy pronto, estaba por llegar. Aprendimos a convivir como amigas, estrechamos lazos de confianza, hacíamos todo juntas. Las demás y yo estábamos felices de tener a una guía como Rebeca.
Después de un año, entramos al grupo Pre juveniles y Rebeca seguía siendo nuestra líder. Como habíamos estado anteriormente juntas, no se nos hizo difícil ambientarnos con otros jóvenes 3 ó 4 años mayores que nosotras. Entrado a la etapa de la adolescencia, tenía muchos problemas con mis padres, en el colegio, con chicos, mis amigas: toda mi vida era un caos. Rebeca me soportó bastante mis desplantes y arrogancia. Ella siempre estuvo ahí para apoyarme. Tengo presente que en una ocasión yo estaba muy triste, había llegado a la iglesia con lágrimas y ella me abrazó sin decirme nada. Después, me dijo que todo iba a salir bien y que mi tormenta pronto iba a acabar. Ese momento todavía lo guardo en mi memoria y tenía razón: mi tormenta pronto acabó.
Con algunos meses en el grupo juvenil, nos dieron la tarea de colocarle nombre a nuestro propio grupo pequeño, se llamó Ananías. Estuvimos juntas por 5 años. Siempre tuve una amiga a mi lado, un modelo a seguir. Logre obtener una percepción de cómo podría llegar a ser mi vida ya en la juventud.
Ahora que ya no me encuentro en Pre juveniles debido a mi edad, Rebeca dejó de ser mi líder y pasó a ser una amiga cercana. A pesar de ello, yo enfrenté situaciones duras relacionadas con mi familia y en ella seguí encontrando un apoyo para poder enfrentarlo y superarlo. Todavía me regaña por los errores que cometo, me hace ver lo inmadura que soy para tomar decisiones respecto a mi vida. Me alegra mucho que todavía siga conmigo, porque a pesar de que ya no es mi líder, siempre está ahí para escucharme y aconsejarme.
En estos momentos, lastimosamente ella tiene una enfermedad que los doctores no pueden diagnosticar. Esto la ha llevado a estar hospitalizada desde hace varios meses y no se le puede ir a visitar debido a que sus defensas están bajas. Lloro solo de pensar que esto se puede agravar, que a Rebeca le pueda pasar algo más. Admiro la valentía de querer seguir adelante. Aun en el hospital, siempre se acuerda de cada una de nosotras y pregunta por el grupo Ananías.
Quizá siento que es mi deber velar por mi amiga ahora, devolverle todo el apoyo y cariño que algún día necesité en mi vida. Deseo decirle “todo va a salir bien, tu tormenta pronto va a acabar”.



1 comentario:
heyyy, yo conosco a la mujer de la que hablas jajajaja...me gusta tu texto, suerte con tu blog, está bonito.
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