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Un entretenimiento innecesario


Para la mayoría de los hombres y jóvenes salvadoreños, un entretenimiento es asistir a las barras show. Esos lugares donde las mujeres se exhiben y bailan sobre ellos si el cliente lo desea.

Según datos estadísticos del Ministerio de Seguridad, en los alrededores de la capital existen aproximadamente 20 night club y 20 barras show. Estas operan bajo la licencia de venta de cerveza y licor, no están registrados bajo el rol que les corresponde. Un ejemplo de lo expuesto anteriormente es el club nocturno LIPS.

Muchos de estos locales no tienen una ubicación acertada, ya que la mayoría se encuentran en colonias como La Rábida, Escalón, etc. Los vecinos de estos clubes se quejan de los escándalos provocados por los consumidores embriagados que salen del lugar. “Muchas veces hay disparos en la madrugada, cuando los clientes de estos lugares salen borrachos y hacen ruido”, se quejó un residente de la colonia La Rábida (cita extraída de El Diario de Hoy).

El jefe de operaciones del CAM, Carlos Ildefonso Castillo, menciona que cada fin de semana, especialmente de pago, reciben unas 20 denuncias de los vecinos a causa de los desórdenes. El aumento de estos lugares está fuera de control y la alcaldía no hace nada para controlarlo.

Para muchos, estos “sitios de entretenimiento” no deberían existir, ya que además de provocar algarabías, inducen a la prostitución de la mujer. En algunas barras show de San Salvador hay cuartos privados en donde los clientes les pagan a las bailarinas para que estén con ellos y sostener actos sexuales.

Otro argumento en contra de este tipo de discoteca es que en algunas ocasiones son utilizados para planificar crímenes, robos, actos obscenos y delitos fuera de estos negocios. También estas barras show, para la mayoría de las personas, son consideradas inmorales, ya que dentro de ellos los hombres manosean a las jóvenes bailarinas que, por necesidad económica, trabajan ahí.

Los clubes nocturnos son un entretenimiento innecesario para nuestra sociedad, no benefician en nada, no hay diversión y lo único que logran son desórdenes e irrespeto hacia la mujer.
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Rebeca Martí

Tuvieron que dejarme una tarea de redacción para rendirle homenaje a una gran amiga: Rebeca Martí. La conocí a la edad de 12 años, en un grupo juvenil de la iglesia que se llama Josías. Esa vez nos la presentaron a 5 niñas (dado que ese éramos el número de chicas a las que ella iba a cuidar). En un principio, su mirada era tímida y tierna, poco a poco nos fue ambientando a su particular estilo de ser.

Su función era ser líder con nosotras para poder pasar a otro que se llama Pre juveniles. Ella, en ese tiempo, nos enseñaba lo básico para poder enfrentar la época de la adolescencia que, muy pronto, estaba por llegar. Aprendimos a convivir como amigas, estrechamos lazos de confianza, hacíamos todo juntas. Las demás y yo estábamos felices de tener a una guía como Rebeca.

Después de un año, entramos al grupo Pre juveniles y Rebeca seguía siendo nuestra líder. Como habíamos estado anteriormente juntas, no se nos hizo difícil ambientarnos con otros jóvenes 3 ó 4 años mayores que nosotras. Entrado a la etapa de la adolescencia, tenía muchos problemas con mis padres, en el colegio, con chicos, mis amigas: toda mi vida era un caos. Rebeca me soportó bastante mis desplantes y arrogancia. Ella siempre estuvo ahí para apoyarme. Tengo presente que en una ocasión yo estaba muy triste, había llegado a la iglesia con lágrimas y ella me abrazó sin decirme nada. Después, me dijo que todo iba a salir bien y que mi tormenta pronto iba a acabar. Ese momento todavía lo guardo en mi memoria y tenía razón: mi tormenta pronto acabó.

Con algunos meses en el grupo juvenil, nos dieron la tarea de colocarle nombre a nuestro propio grupo pequeño, se llamó Ananías. Estuvimos juntas por 5 años. Siempre tuve una amiga a mi lado, un modelo a seguir. Logre obtener una percepción de cómo podría llegar a ser mi vida ya en la juventud.

Ahora que ya no me encuentro en Pre juveniles debido a mi edad, Rebeca dejó de ser mi líder y pasó a ser una amiga cercana. A pesar de ello, yo enfrenté situaciones duras relacionadas con mi familia y en ella seguí encontrando un apoyo para poder enfrentarlo y superarlo. Todavía me regaña por los errores que cometo, me hace ver lo inmadura que soy para tomar decisiones respecto a mi vida. Me alegra mucho que todavía siga conmigo, porque a pesar de que ya no es mi líder, siempre está ahí para escucharme y aconsejarme.

En estos momentos, lastimosamente ella tiene una enfermedad que los doctores no pueden diagnosticar. Esto la ha llevado a estar hospitalizada desde hace varios meses y no se le puede ir a visitar debido a que sus defensas están bajas. Lloro solo de pensar que esto se puede agravar, que a Rebeca le pueda pasar algo más. Admiro la valentía de querer seguir adelante. Aun en el hospital, siempre se acuerda de cada una de nosotras y pregunta por el grupo Ananías.

Quizá siento que es mi deber velar por mi amiga ahora, devolverle todo el apoyo y cariño que algún día necesité en mi vida. Deseo decirle “todo va a salir bien, tu tormenta pronto va a acabar”.
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El Salvador, 18 de enero de 2009



Los observadores electorales cumplieron una función muy importante en las elecciones pasadas: inspeccionar los procedimientos. El Tribunal Supremo Electoral (TSE) calcula una participación de 2.3 millones de votantes distribuidos en los diferentes centros de votación. En ellos se reflejó cierta irregularidad en su sistema a la hora de ejercer el voto.

En cada una de las Juntas Receptoras de Votos (JRV) ocurrieron diversas anormalidades. En el municipio de Juayúa, por ejemplo, una mujer votó con el DUI de su esposo, por lo que fue detenida. La mayoría de fraudes electorales ocurridos en el país no son descubiertos. En el municipio de Cuscatancingo, un hombre llegó a la JRV con fotocopia de su DUI y una carta del TSE, en donde respaldaba que podía ejercer el sufragio sólo con la fotocopia. Por consiguiente, el presidente de la JRV le permitió votar.

También se conocieron casos de votantes que no pudieron ejercer su voto por tener una fotografía de su DUI diferente a la que estaba en el padrón electoral. Aunque algunos ciudadanos con el mismo problema sí pudieron emitir el sufragio.

Además, se dice que algunos miembros de la Juventud Republicana Nacionalista ARENA cambiaron la dirección de su DUI para lograr votar en el municipio de San Salvador a favor del actual ganador Norman Quijano. A partir de esto, se menciona también que en cada JRV del área metropolitana se encontraban varios vigilantes del partido de derecha para ejercer el voto en ese municipio. La todavía edil capitalina no presentó denuncias de fraude electoral, como esperaban muchos.

En conclusión, es inevitable que en un evento de tal importancia, como lo son las elecciones electorales para concejales y diputados, no haya irregularidades respecto a su metodología en llevar a cabo los procesos de votación. Solo queda ver qué anormalidades traen las elecciones presidenciales el próximo 15 de marzo.

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Labios


Mes de octubre de 2008. Mis amigas y yo nos aventuramos a realizar un trabajo de etnografía en el Club Bar-Restaurante LIPS. El punto de reunión para salir fue mi casa. Eran las 9:00 p.m. y nos seguíamos arreglando para nuestra aventura. Cuando el reloj marcó las 9:45 p.m. nos dispusimos a marcharnos y en ese instante nos percatamos que la llanta del carro se había averiado, tuvieron que repararla de inmediato. Creímos que no era muy buena señal y pensamos que no debíamos ir, sin embargo la arreglaron y nos fuimos.

Al llegar al lugar, recuerdo que nos estacionamos en los alrededores del redondel Masferrer. Casualmente ese día las cuatro señoritas íbamos escoltadas por seis chicos, ya que en el local no dejan entrar a las mujeres sin un acompañante hombre. Nos ubicamos en una de las mesas de la segunda planta del local, nos sentamos justo en frente de dos pistas de bailes, donde, por supuesto, había bailarinas sobre ellas.

Me fue complicado adaptarme al ambiente del LIPS, pero con esfuerzo lo logré. Es difícil creer que en un lugar donde el contexto es puramente sexual y el calor que se crea a raíz de eso es bastante fuerte no exista aire acondicionado, sino que, en lugar de eso, haya cuatro ventiladores grandes para que el público se refresque.

Aparte, me parecieron increíbles los precios tan costosos de las bebidas, incluso del agua. Aunque con el cover tuvimos derecho a una bebida, todos optamos por beber soda o agua, solo un amigo de nosotros pidió cerveza.

También para mi sorpresa en el club me encontré a un presentador juvenil del canal 33 que se llama Juan Carlos. Él, al percatarse de cuatro mujeres en un lugar para hombres, se sorprendió mucho y rápidamente se fue para el salón continuo. Puedo suponer que se salió, porque es “anormal” ver a unas mujeres-público en un lugar con ese estereotipo. Pudo pensar que éramos periodistas o algo parecido. Aunque no éramos las únicas del sexo femenino en el local, a excepción de las más de 20 bailarinas, había una pareja de casados en el lugar y puedo asegurar que eran marido y mujer, ya que los dos portaban el anillo de matrimonio. Fue curioso observar que disfrutaban del espectáculo y colocaban dinero a la chica que se encontraba bailando.

Por otro lado, las bailarinas entran al escenario con una mínima cantidad de ropa que, poco a poco, se van despojando de ella hasta llegar al punto de estar totalmente desnudas. Se mueven con cinco canciones seguidas. En las primeras dos melodías, que son bastante bailables, en su mayoría “reggaetón”, se deben quitar la ropa porque a partir de la tercera tonada ya tienen que estar totalmente desnudas. La última es una balada en la que están obligadas a mostrar sus destrezas en el tubo que está en medio de la pista.

Finalmente, por la mínima cantidad de un $1.00 uno puede tocar lo que desee a la bailarina, pero prohíben meterles el dedo. En su tiempo de baile, si se desea algo más con ella se arregla en el momento, lo trasladan a un lugar un poco más “privado” que tiene el local, un salón al que no todos tienen acceso.

Nuestra aventura concluyó a la una de la madrugada. Las experiencias siguieron cambiando en las siguientes seis veces más que asistimos.
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“Aquí está lo que estabas esperando”


Era el mes de enero del 2008. Teníamos tres meses de ser novios y sentíamos que todo iba bien. Recuerdo que al inicio del noviazgo él me dio la contraseña de su correo, me pareció normal y accedí a proporcionarle la mía. Yo jamás había entrado a su correo, no tenía porqué, confiaba en él.

Un día de enero yo le había escrito un correo, porque estábamos de aniversario. Sentía ansiedad por saber si había leído la carta, pues me pareció que le dediqué mucho tiempo y en ese escrito le decía mucho sobre la relación que construíamos.

Tuve curiosidad y accedí a su cuenta. Para mi sorpresa, en su bandeja de entrada había muchos correos de chicas. Me llamó mucho la atención una carta con el asunto “aquí está lo que estabas esperando”. Ingresé y era un cuestionario en cadena para que cada quien lo conteste y lo vuelva a mandar. Ella se las había contestado a él.

En una de esas preguntas, ella describía un día que habían pasado juntos, que había sido en enero. Me impactó saberlo, yo estaba furiosa, desesperada y llorando como una bebé. No quería hablar con él, pero sabía que tenía que hacerlo. No iba a dejar que siguiera viéndome la cara de “dunda”.

Hablé por teléfono a su casa lo más tranquila que pude. Quería terminar la relación viéndonos, por eso le pedí que llegara. Media hora después de hablar con él, ya estaba en mi casa desesperado porque no sabía qué quería decirle.

La sala de la casa fue testigo del reclamo, lloriqueo y disculpas de su parte. Intentaba abrazarme, agarrarme la mano, besarme y yo lo rechazaba, porque tenía mucho enojo dentro de mí. No sabía por qué lo había hecho, si le había dado motivos o no me quería lo suficiente.

Lo saqué casi a la fuerza, pues no quería irse por tratar de solucionar la situación y no lo dejé. Estaba claro el error que había cometido conmigo. Ese día lo pasé mal, no tenía hambre, pasaba acostada en la cama, lamentándome de lo sucedido.

Dejé pasar el tiempo. Él solo me hablaba para preguntarme cómo estaba y para pedirme perdón por todo lo ocurrido. No ignoraba sus llamadas, como sentí que no anduvimos lo suficiente, seguí hablando con él.

Salimos en unas ocasiones, pero de ahí no pasaba a más. Seguí mi camino y él el suyo.

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Mi día más esperado


Me había levantado con el humor de siempre, alegre, bullista y hasta un poco berrinchuda. Tenía puesta mi usual y única pijama morada, de tirantes y pantalones cortos. En mi cuarto ya se respiraba aire de nerviosismo y cada soplo que daba el viento ayudaba a esparcirlo por todo el dormitorio. No había querido encender la luz de la habitación para no mostrar que ya estaba levantada y despierta, ya que no estaba lista para hacer la presentación oficial.

Minutos después, salí a desayunar al comedor de mi casa. En la mesa habían preparado mi desayuno favorito, panqueques con miel. Parecían una torre bastante alta todos los hot cake juntos, destilaban humo de lo caliente y olor de lo sabrosos que son. Con un poco de entusiasmo procedí a comer. Lo normal que yo me sirvo son dos o tres y ese día comí cinco. Movía las piernas constantemente de arriba abajo, mis manos empezaron a inquietarse cada vez mas haciendo ruido sobre la mesa con mis dedos. Pedía más miel, pedía más comida.

Mi madre, intuitiva como siempre, sabía que estaba un poco alterada, que mi corazón no dejaba de latir cada vez con más fuerza. Mi hiperactividad me delataba, mi sudor se notaba y mi tono de voz se sentía alterado. Ya casi era la hora, ya casi almorzábamos con un integrante más.

Minutos antes del almuerzo, me había cambiado de vestuario bastantes veces, pero al final tenía el atuendo y peinado perfecto. Una blusa blanca perfectamente planchada con todos sus botones al frente y moldeada al cuerpo. Un pantalón color azul (mi favorito), que ceñían las piernas. Ya estaba lista y preparada para recibirlo.

Se dieron las doce en punto y él apareció. Alto, robusto, con una tez bastante clara, sus ojos color café, con el cabello rubio, con una camisa azul oscuro que hacía resaltar su tono de piel y el pantalón negro casi ceñido a sus piernas, zapatos deportivos color negro. Irradiaba seguridad con su presencia y denotaba cierta convicción en sus palabras cada vez que hablaba con mis papás. Así se presentó ante mis padres.

Pensé que sería ideal haberlo presentado en un almuerzo con la mayoría de la familia nuclear presente, ya que mi hermano, casado, había avisado que llegaría almorza. Era la ocasión perfecta para que todos lo conocieran. Mi hiperactividad se fue controlando con el paso del tiempo, ya que mis papás demostraron confianza a la hora de entablar una plática con él.

Mi día más esperado terminó alrededor de las cinco de la tarde con una taza de café en mano y pan dulce. Finalmente, se despidió.
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Los riesgos que hasta hoy he tomado

No me gusta decir “no” a un reto. He ahí el porqué he tomado muchos riesgos en mi vida. La contingencia que más ha marcado mi existir sucedió cuando tenía 14 años. Había terminado el octavo grado, y para mi desgracia había aplazado el año. Como era de esperarse, mis padres me regañaron, y yo estaba avergonzadísima.

No fue problema comunicar la situación a mis tíos, primos, primas y abuelos, lo difícil fue cuando se lo tenía que decir a mis amigas de la iglesia; muchas me preguntaban: “¿cómo saliste?, ¿te fue bien?”. Yo quedaba sin palabras a todas sus interrogantes, no encontraba la manera de decirles que había aplazado. Como no hallaba la forma, me decidí, y les dije: pasé, me fue bien.

Para mí, fue un riesgo decidir de esa manera, les había mentido. Pasó el año y se vino otro año de estudios, todas mis amigas iban a noveno grado, y cuando hablaban de los temas que veían en sus clases yo solo decía “Sí”. Cuando una de ellas hablaba con mi mamá, yo tenía que estar presente, ya que temía que mi madre cometiera la indiscreción de decir que yo todavía estaba en octavo grado.

Pasaba el tiempo, y yo seguía igual. Me gradué de segundo año de bachillerato, y no invité a ninguna de mis amigas a mi fiesta de graduación. Ellas pensaban que me había tomado un año para reflexionar en lo que deseaba estudiar. Sentía horrible llegar los domingos y tratar de hablar de otro tema que no fueran los estudios.

Estoy en el año 2009, y hasta la fecha ellas no saben nada; creen en mí, pero sigo sintiendo un riesgo ocultarles algo tan grande.