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Mi día más esperado


Me había levantado con el humor de siempre, alegre, bullista y hasta un poco berrinchuda. Tenía puesta mi usual y única pijama morada, de tirantes y pantalones cortos. En mi cuarto ya se respiraba aire de nerviosismo y cada soplo que daba el viento ayudaba a esparcirlo por todo el dormitorio. No había querido encender la luz de la habitación para no mostrar que ya estaba levantada y despierta, ya que no estaba lista para hacer la presentación oficial.

Minutos después, salí a desayunar al comedor de mi casa. En la mesa habían preparado mi desayuno favorito, panqueques con miel. Parecían una torre bastante alta todos los hot cake juntos, destilaban humo de lo caliente y olor de lo sabrosos que son. Con un poco de entusiasmo procedí a comer. Lo normal que yo me sirvo son dos o tres y ese día comí cinco. Movía las piernas constantemente de arriba abajo, mis manos empezaron a inquietarse cada vez mas haciendo ruido sobre la mesa con mis dedos. Pedía más miel, pedía más comida.

Mi madre, intuitiva como siempre, sabía que estaba un poco alterada, que mi corazón no dejaba de latir cada vez con más fuerza. Mi hiperactividad me delataba, mi sudor se notaba y mi tono de voz se sentía alterado. Ya casi era la hora, ya casi almorzábamos con un integrante más.

Minutos antes del almuerzo, me había cambiado de vestuario bastantes veces, pero al final tenía el atuendo y peinado perfecto. Una blusa blanca perfectamente planchada con todos sus botones al frente y moldeada al cuerpo. Un pantalón color azul (mi favorito), que ceñían las piernas. Ya estaba lista y preparada para recibirlo.

Se dieron las doce en punto y él apareció. Alto, robusto, con una tez bastante clara, sus ojos color café, con el cabello rubio, con una camisa azul oscuro que hacía resaltar su tono de piel y el pantalón negro casi ceñido a sus piernas, zapatos deportivos color negro. Irradiaba seguridad con su presencia y denotaba cierta convicción en sus palabras cada vez que hablaba con mis papás. Así se presentó ante mis padres.

Pensé que sería ideal haberlo presentado en un almuerzo con la mayoría de la familia nuclear presente, ya que mi hermano, casado, había avisado que llegaría almorza. Era la ocasión perfecta para que todos lo conocieran. Mi hiperactividad se fue controlando con el paso del tiempo, ya que mis papás demostraron confianza a la hora de entablar una plática con él.

Mi día más esperado terminó alrededor de las cinco de la tarde con una taza de café en mano y pan dulce. Finalmente, se despidió.
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Los riesgos que hasta hoy he tomado

No me gusta decir “no” a un reto. He ahí el porqué he tomado muchos riesgos en mi vida. La contingencia que más ha marcado mi existir sucedió cuando tenía 14 años. Había terminado el octavo grado, y para mi desgracia había aplazado el año. Como era de esperarse, mis padres me regañaron, y yo estaba avergonzadísima.

No fue problema comunicar la situación a mis tíos, primos, primas y abuelos, lo difícil fue cuando se lo tenía que decir a mis amigas de la iglesia; muchas me preguntaban: “¿cómo saliste?, ¿te fue bien?”. Yo quedaba sin palabras a todas sus interrogantes, no encontraba la manera de decirles que había aplazado. Como no hallaba la forma, me decidí, y les dije: pasé, me fue bien.

Para mí, fue un riesgo decidir de esa manera, les había mentido. Pasó el año y se vino otro año de estudios, todas mis amigas iban a noveno grado, y cuando hablaban de los temas que veían en sus clases yo solo decía “Sí”. Cuando una de ellas hablaba con mi mamá, yo tenía que estar presente, ya que temía que mi madre cometiera la indiscreción de decir que yo todavía estaba en octavo grado.

Pasaba el tiempo, y yo seguía igual. Me gradué de segundo año de bachillerato, y no invité a ninguna de mis amigas a mi fiesta de graduación. Ellas pensaban que me había tomado un año para reflexionar en lo que deseaba estudiar. Sentía horrible llegar los domingos y tratar de hablar de otro tema que no fueran los estudios.

Estoy en el año 2009, y hasta la fecha ellas no saben nada; creen en mí, pero sigo sintiendo un riesgo ocultarles algo tan grande.