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El Salvador, 18 de enero de 2009



Los observadores electorales cumplieron una función muy importante en las elecciones pasadas: inspeccionar los procedimientos. El Tribunal Supremo Electoral (TSE) calcula una participación de 2.3 millones de votantes distribuidos en los diferentes centros de votación. En ellos se reflejó cierta irregularidad en su sistema a la hora de ejercer el voto.

En cada una de las Juntas Receptoras de Votos (JRV) ocurrieron diversas anormalidades. En el municipio de Juayúa, por ejemplo, una mujer votó con el DUI de su esposo, por lo que fue detenida. La mayoría de fraudes electorales ocurridos en el país no son descubiertos. En el municipio de Cuscatancingo, un hombre llegó a la JRV con fotocopia de su DUI y una carta del TSE, en donde respaldaba que podía ejercer el sufragio sólo con la fotocopia. Por consiguiente, el presidente de la JRV le permitió votar.

También se conocieron casos de votantes que no pudieron ejercer su voto por tener una fotografía de su DUI diferente a la que estaba en el padrón electoral. Aunque algunos ciudadanos con el mismo problema sí pudieron emitir el sufragio.

Además, se dice que algunos miembros de la Juventud Republicana Nacionalista ARENA cambiaron la dirección de su DUI para lograr votar en el municipio de San Salvador a favor del actual ganador Norman Quijano. A partir de esto, se menciona también que en cada JRV del área metropolitana se encontraban varios vigilantes del partido de derecha para ejercer el voto en ese municipio. La todavía edil capitalina no presentó denuncias de fraude electoral, como esperaban muchos.

En conclusión, es inevitable que en un evento de tal importancia, como lo son las elecciones electorales para concejales y diputados, no haya irregularidades respecto a su metodología en llevar a cabo los procesos de votación. Solo queda ver qué anormalidades traen las elecciones presidenciales el próximo 15 de marzo.

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